Nos encontramos en febrero. Para muchos de nosotros, que estamos a punto de empezar con nuestra tarea catequística, febrero es el momento del reencuentro con nuestros compañeros y compañeras de ministerio. ¿Cómo está cada una de las personas comparten nuestro trabajo? ¿Qué estuvo pasando con ellos en todo este tiempo de descanso? Pero no solo nos encontramos con los otros catequistas. También nos reencontramos con nuestro equipo de catequesis. Felices las parroquias, los colegios y las instituciones que pueden contar con una catequesis vivida en equipo. Aunque muchas veces la enseñanza catequística termine siendo una tarea individual -hecha a pura voluntad, sin el apoyo ni la discusión de los otros- el trabajo hecho en equipo compensa en riqueza lo que cuesta en trabajo. En el llamado “efecto grupo”, el resultado es mayor a la suma de sus partes. Uno más uno más uno no da como resultado tres, sino cuatro o cinco: hay un “plus” de creación cada vez que se reúne el grupo. Lo dice el mismo Jesús: “cuando dos o tres se reúnen en mi nombre…” Para el Directorio Catequístico General, “el grupo toma una importancia creciente en la catequesis (…) Entre los adultos el grupo se puede considerar hoy como condición para una catequesis que se proponga crear un sentido de corresponsabilidad cristiana. El grupo que alcanza un buen nivel de funcionamiento puede ofrecer a sus miembros no solamente una ocasión de instrucción religiosa, sino también una magnífica experiencia de vida eclesial”. (DCG 76). Cada equipo vive en un proceso de construcción permanente. No “somos” equipo, sino que lo “estamos siendo”. Es un difícil arte, este de convertirse en equipo, porque hay que superar la tentación cotidiana de pretender que todos los integrantes piensen uniformemente. Enrique Pichon Rivière, un especialista en grupos humanos, recomendaba “la heterogeneidad de integrantes y la homogeneidad en la tarea”. Miembros diferentes en edades, saberes y recorridos vitales, unidos en una tarea común. Todo un desafío. A los grupos humanos les sucede lo mismo que a las personas: nacen, se desarrollan y, en algún momento, dejan de existir. Estamos en febrero y nos hacemos estas preguntas: ¿qué pasará este año en nuestros equipos de catequesis? ¿Nos encontraremos en un proceso de transformación? ¿Este va a ser un año de cambios, o de permanencias? ¿De crecimiento en la diferencia, o de cómoda siesta en lo ya conocido? Mariano Nicolás Donadío